Lectura Maridaje: Misterio y Reposo

La chimenea crepita suavemente y caldea la habitación. Estamos sentados junto a ella y leemos a la danzante luz de su fuego. El gran sillón de terciopelo nos arropa y abraza, haciéndonos olvidar incomodidades físicas banales.

El viento golpea la ventana y en la oscuridad de la noche podemos ver, a lo lejos, las siluetas de los grandes pinos que mecen sus ramas en un vals con el aire.

Afuera hace frío y apenas alguna alimaña nocturna se aventura a salir de su escondrijo.

Junto al sillón hay una pequeña mesa de oscura madera maciza en la que reposa nuestra copa de cerveza, a la que damos algún tiento entre párrafos. Es una ale de invierno con reconfortantes sabores a canela, naranja, clavo y anís. Dulce, espesa, cremosa y negra.
Negra como la mente de aquél atormentado Edgar Allan Poe cuyas historias estamos leyendo. Inquietantes, escalofriantes. Sin embargo nos sentimos seguros y tranquilos, pues nada puede dañarnos junto al fuego y en ese sillón.

Nos adentramos en La Máscara de la Muerte Roja, en Berenice con sus blanquísimos dientes. Espeluznante; un trago de la amable cerveza, acanelada y dulce calmará nuestra zozobra.

Una comunión perfecta entre frías y oscuras historias y una negra pero cálida cerveza junto a la chimenea en una fría y ventosa noche de invierno.

Misterio y reposo.

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