Bolsilibros o novelas de a duro.

Hace tiempo, cuando era más joven, mis abuelos tenían una casita de campo y solíamos ir allí los domingos a pasar el día.

En el garaje, donde no había ningún coche, tenían un armario pequeño, destrozado por la lluvia y los años. En su interior había un montón de libros de todo tipo pero sobretodo eran de Agatha Christie y pequeñas novelitas de terror, completamente amarilleadas por el tiempo y, a menudo, sin algún trozo de la portada.

Me encantaba leerlas, en una tarde leía un par o tres; el hecho de que tuvieran apenas 90 páginas tamaño cuartilla facilitaba la tarea.

Cambiamos de escenario. Mis bisabuelos tenían (y de hecho mi bisabuela vive y tiene) una casa en una planta baja, casi todas las tardes entre semana solíamos ir allí a jugar en la calle un rato. Mientras hacíamos nuestras cosas de niños, mi bisabuelo, sentado en una silla en la puerta de casa, en la acera, leía y leía novelitas iguales que las del desvencijado armario. En este caso en lugar de ser de terror eran del oeste.

Ya poco queda de aquellas novelas que normalmente estaban editadas por la editorial Bruguera (aunque había otras) y que llamaban bolsilibros o novelas de a duro.

Lo de novelas de a duro era por el bajo coste que tenían; los autores españoles, bajo sonoros pseudónimos anglosajones, escribían estos libritos sin ningún ánimo artístico más allá de entretener un rato al lector. Y escribían muchos.

Solían editarse en papeles de mala calidad, “pulp» que llamaban los estadounidenses, lo que unido a su producción en masa hacía que efectivamente costaran sobre un duro.
Para los más jóvenes, un duro eran cinco pesetas y un euro son 166,386 pesetas.

Normalmente, según contaba mi bisabuelo, compraba las novelitas en tacos grandes y cuando las había terminado iba al kiosko y se las cambiaban por otras.

Hoy en día todavía existen, no sé realmente si se siguen editando pero yo compré hace un tiempo una tacada de 20 ó 21 al precio de 1€ cada una. Todas del oeste.

Decir cabe que había del oeste, de piratas (como la última que compré), de terror y de ciencia ficción que, por otra parte, son mis favoritas.

Me apetecía compartir esta historia con vosotros porque, en primer lugar me encantan estas novelitas (que suelen ser malas a rabiar pero echas el rato) y en segundo lugar porque aunque siendo una cosa rápida y tonta de leer sigue siendo lectura y quizás deberíamos plantearnos darle a los chiquillos una novelita de estas de ciencia ficción para que coja el hábito de leer y para evitar tantas horas de pantalla y recompensas inmediatas.

Espero que os haya parecido interesante.

Un saludo y hasta la próxima.

3 comentarios sobre “Bolsilibros o novelas de a duro.

  1. Yo también las recuerdo, eran de mi padre, recuerdo haberla s leído recuerdo el nombre de algún autor bueno a medias creo, no se que La Fuente Estefanía o algo así .

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  2. Son auténticas joyas. Es curioso… ¿porque siempre casi todos las encontrábamos dentro o encima de los armarios? Mi abuelo y padre sentían predilección por las del oeste. Yo amo las de servicio secreto. Gracias por su pagina.

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